Proyecto insignia: Argentina – Examinando las interconexiones entre fracking, alimentos y cuencas
Una investigación basada en sistemas sobre las presiones extractivas en la región de Vaca Muerta.
Contexto
La cuenca sedimentaria de Vaca Muerta es una de las mayores reservas de petróleo y gas de shale del mundo y, debido a su extracción, la región atraviesa una transformación acelerada. Ubicada en el centro-oeste de Argentina, la expansión de las actividades hidrocarburíferas en esta cuenca está intensificando los riesgos ambientales.
Se extiende por las provincias de Neuquén, Río Negro, Mendoza y La Pampa, abarcando cuencas clave que incluyen los ríos Limay, Neuquén y Negro. Estos ríos conforman un sistema de cuencas conectado que riega aproximadamente 150.000 hectáreas de tierras agrícolas, principalmente frutales como manzanas, peras, duraznos, ciruelas y uvas para vino. La cuenca hidrográfica también sostiene varios desarrollos hidroeléctricos, con proyectos adicionales planificados, y provee agua para consumo e industria a casi 1 millón de habitantes en 2010, cifra proyectada a 1,6 millones para 2050.
Esta cuenca combina reservas de shale ricas en energía, estimadas en 308 billones de pies cúbicos (TCF) de gas natural y 16 mil millones de barriles de petróleo, con zonas agrícolas fértiles, en particular a lo largo de la planicie de inundación del río Negro. Su geografía vincula cabeceras andinas en el oeste con áreas agrícolas productivas en las tierras bajas del este, creando interdependencias entre los recursos hídricos, la extracción de energía y la producción de alimentos.
Qué observamos
Estrés hidrológico y variabilidad climática
La precipitación es muy desigual en toda la cuenca: supera los 3.000 mm/año en el oeste; cerca de los Andes, en cambio, apenas alcanza 200 mm/año en las tierras bajas del este. La mayor parte de esta precipitación ocurre en los tramos altos de montaña, en el límite con Chile, mientras que las tierras bajas orientales dependen en gran medida de los caudales de los ríos para riego y abastecimiento urbano. Los caudales estacionales de los ríos Neuquén, Limay y Negro descienden marcadamente desde inicios del verano hasta comienzos del otoño (de diciembre a abril), coincidiendo con los picos de demanda agrícola y energética. Estos patrones muestran por qué es crucial examinar el uso del agua a una escala más fina, una que contemple la variabilidad de la oferta y las necesidades en competencia de distintos usuarios.
Expansión rápida del fracking cerca de zonas productivas
A medida que se expanden las operaciones de petróleo y gas, se superponen cada vez más con huertos frutales y redes de riego. Nuestro análisis satelital y las visitas de campo confirmaron que pozos no convencionales ya operan dentro o adyacentes a tierras agrícolas, elevando los riesgos para la calidad del agua, del suelo y de los cultivos. En algunos casos, los pozos se ubican cerca de paleocauces, embalses y canales de riego/drenaje, lo que agudiza aún más los riesgos de contaminación.
Hallazgos clave
Proximidad entre fracking y sistemas hídricos
Infraestructuras como plataformas (locaciones) de pozos, ductos y piletones de decantación (sumps) suelen ubicarse peligrosamente cerca de ríos, canales y acuíferos. En zonas de alto riesgo, como paleocauces, embalses y canales de riego/drenaje, la gestión requiere los estándares operativos más altos y un monitoreo estricto para proteger la calidad del agua.
Amenazas a la producción agrícola
Muchos sitios de pozos se encuentran a pocos kilómetros de huertos que producen manzanas, peras, duraznos y uvas. La contaminación a través del suelo, las aguas subterráneas o el aire, podría afectar tanto la inocuidad alimentaria como la estabilidad económica de la región.
Residuos petroleros y disposición en piletones
El fracking genera residuos líquidos y sólidos, incluidos recortes (lodos de perforación) y agua de retorno (flowback), una mezcla de agua, arena y numerosos compuestos químicos. El flowback puede contener metales pesados, sales y compuestos volátiles peligrosos. Mientras la fracción sólida se procesa en plantas de tratamiento conocidas como “oil dumps”, la fracción líquida suele almacenarse en piletones, retirándola de manera permanente del ciclo hidrológico. La ubicación exacta de estos sitios de tratamiento y disposición, y su proximidad a áreas urbanas y cursos de agua, sigue estando escasamente documentada.
Qué falta
Pese a la escala de la actividad, no existe un sistema de acceso público que rastree la interacción completa entre infraestructura hidrocarburífera, flujos de agua, uso del suelo y crecimiento poblacional. Tampoco hay un conjunto de datos integral sobre estándares de tratamiento de residuos, ubicación de piletones o seguridad de instalaciones cercanas a zonas agrícolas y urbanas. Sin esta información, es imposible evaluar plenamente los riesgos acumulativos o implementar salvaguardas adecuadas.
Por qué importa
La región de Vaca Muerta es más que un recurso, es un sistema socioecológico complejo. Comprender cómo interactúan la extracción hidrocarburífera, la agricultura y la hidrología es esencial para diseñar políticas justas, informadas y responsables.
Sin visibilidad a nivel de sistemas, las políticas reactivas serán insuficientes, y los riesgos para las comunidades, los sistemas alimentarios y el ambiente crecerán sin control.



